DEL REINO DE ESPAÑA

Nacida al amparo de los más prestigiosos Embajadores de España, la Academia de la Diplomacia del Reino de España es una de las más insignes academias. Fundada por Embajadores de España, los Ministros Plenipotenciarios consideraban necesaria la fundación de una Academia de, por y para diplomáticos, pero abierta a su vez a personas de otras profesiones vinculadas con el mundo diplomático, las relaciones internacionales y el protocolo.

En un documento oficial que se guarda en los archivos de esta Academia de la Diplomacia y dentro de un informe sobre diferentes reuniones que se estaban llevando a cabo, se indicaba: “Sumado el grupo de promotores, compañeros (diplomáticos), los ex ministros… los nombres de quienes pueden ser considerados fundadores de la deseada Academia son los siguientes: Javier Solana, Abel Matutes, Fernando Morán, Alonso Alvarez de Toledo, Fernando Arias Salgado, Ramón Armengol, Gabriel Cañadas, José Luis Cerón, Enrique Domínguez Passier, Carlos Fernández Shaw, Manuel Fraga, Rafael Gómez-Jordana, Fernando González Camino, Fernando Olivié, Pedro Ortiz, Ana Palacio, José Luis Prados, Eduardo Peña, José Pedro Pérez-Llorca, Javier Rubio García-Mina, Mariano Ucelay, José María Ullrich, José María Velo de Antelo, Javier Villacieros, Carlos Westendorp, José Luis Xifra de Ocerín y Eduaro de Zulaeta”. Igualmente se daba el nombre de embajadores fallecidos por entonces, Manuel García Miranda y Alfonso de la Serna.

Los trabajos y reuniones preparatorias con diferentes ministros de Asuntos Exteriores se iniciaron hace casi dos décadas, recibiendo el beneplácito de todos ellos. Algunos de los que empezaron a trabajar por la Academia ya no están, como los embajadores Miranda, Cerón Ayuso o Armengol.

En la Academia existen grupos de trabajo para, entre otros, el estudio y análisis de temas de interés histórico, cultural, económico y político relacionado con el mundo diplomático, y además organiza conferencias, cursos y seminarios cuando los acontecimientos internacionales así lo exigen. Sus Académicos Embajadores son consultados por diferentes instituciones y ministros en cuestiones relacionadas con el mundo de la diplomacia.

Aquellos a los que la Academia haya distinguido pueden hacer uso de la medalla de la Academia, basada en el escudo del rey de España Felipe II, Lazo de Dama en el caso de las mujeres. La Academia está bajo la protección del Arcángel San Miguel, patrón de los diplomáticos españoles desde el 24 de marzo de 1949 cuando fue aprobado canónicamente por la Santa Sede. El galardón de “Académico Diplomático de Excelencia” es otorgado a Jefes de Estado y de Gobierno cuya trayectoria a favor de la paz mundial y la concordia entre las naciones así lo acrediten. Sólo hay cuarenta sillas de Académicos de Número, que ostentan nombres de históricos diplomáticos españoles. A partir de aquí, las nuevas propuestas para Académicos de Número han de ser aprobadas por al menos dos Académicos de Número. La Academia cuenta igualmente con Académicos Honorarios y Académicos Correspondientes, además de la figura de Socio-Afiliado y Benefactor de la Academia para aquellos que quieren apoyar la labor de la Academia de la Diplomacia y estar vinculados a la misma.

Aparte de diplomáticos españoles y extranjeros, son miembros de la Academia de la Diplomacia importantes personajes del mundo militar, como el Almirante Jefe de la Flota Santiago Bolibar, de la cultura como Augusto Ferrer-Dalmau, del periodismo como Alfonso Ussia o y de los Cuerpos Consulares como José Carlos Ruiz Berdejo y Sigurtá, presidente del Cuerpo Consular de Sevilla, además de juristas o empresarios, entre otros. La Junta de Embajadores de Académicos de Número y la Junta Académica de Académicos de Número son los principales órganos en la toma de decisiones. Los trabajos de nuestros académicos, actividades de la Academia, así como el análisis de temas diplomáticos y de relaciones internacionales son publicados en nuestra prestigiosa revista Diplomacia Siglo XXI, órgano portavoz de la Academia, fundada hace ahora veinte años, y una de las publicaciones del mundo diplomático más prestigiosas editadas en lengua española.

La Academia de la Diplomacia, y como breve ejemplo de su actividad más reciente, forma parte, junto con otras academias, del Comité del Homenaje Universal al Idioma Español interviniendo por ese motivo en una conferencia en el Club Siglo XXI; presidió la Gala anual de los diplomáticos extranjeros en España, celebrada en el Casino de Madrid; celebró un importante acto académico en las instalaciones de la Comisión Europea con presencia de su director general, Francisco Fonseca, y donde acudieron embajadores como Raimundo Bassols y Robles Piquer; ha editado libros como los de los Académicos de Número, embajadores Eduardo Peña Abizanda y José María Velo de Antelo; tiene acuerdos de colaboración con el Instituto Europeo de la Salud, organismo vinculado a la OMS, apoya la labor de los diplomáticos extranjeros destinados en España, valorando su misión, en algunos casos, con su incorporación a la Academia como Académicos de Honor, así como la de los Cuerpos Consulares en toda España, y su presidenta, Sofía de Borbón, ha sido invitada a formar parte de la Asociación de Damas Diplomáticas Arabes, entre otras instituciones y academias que piden tener una vinculación directa con la Academia de la Diplomacia.

Recientemente celebró un nuevo acto académico con la incorporación de nuevos académicos de Número, Correspondientes y de Honor, en este caso en el Consulado General de Portugal en Sevilla, precioso palacio construido con motivo de la Expo de 1929 y sus actos académicos se celebran con regularidad en ciudades como Cádiz, Málaga, Madrid, Bilbao y Valencia, entre otras.

Para la Academia de la Diplomacia es fundamental transmitir los valores que España ha divulgado a lo largo de los siglos por todos los continentes a través de su Cuerpo Diplomático, así como el valor incuestionable que representa la institución monárquica, reflejadas en las palabras de S.M. el Rey Don Felipe VI, pronunciadas el 19 de junio de 2014, donde apuntaba que “la independencia de la Corona, su neutralidad política y su vocación integradora ante las diferentes opciones ideológicas, le permiten contribuir a la estabilidad de nuestro sistema político, facilitar el equilibrio con los demás órganos constitucionales y territoriales, favorecer el ordenado funcionamiento del Estado y ser cauce para la cohesión entre los españoles”